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sábado, 19 de marzo de 2016

Poesía de un amor repentino: Mario Benedetti

Caminar, encontrar la injusticia, la oferta, la paloma, la dulce agonía, la primavera, un amor repentino. Tan común como andar por la calle y enamorarse. Un amor de súbito, repentino, de minutos, que deja rastro no en el ojo, en no sé qué praderas, pero se queda, se magnifica, perdura ¿Será amor?, ¿o el capricho de una emoción?, ¿se enamora en un segundo; en una mirada, en un destello?, ¿es posible hablar de cariño?

La poesía responde, su sensación parecida: un fuego recorre las venas, un fuego se esparce, un fuego hace explosión. Una llama que ataranta el camino, que retuerce la boca, que alimenta la alegría. Cómo abrigar la valentía y hablarle, cómo derrumbar el miedo, los diques que detienen, los obstáculos: es la llama, la repentina, la que levanta el miedo, la que evita acercarte, la causante del silencio.

El miedo te ataca, te derrumba, te llena de vocecillas, de clamores temerosos, el fracaso. Se aleja para no volver, para escaparse. Pero late, aceleradamente, el cuerpo. El tiempo se detiene, las palomas, la tarde desciende. Y se aleja con su nombre resguardado, con sus temores, con sus sabores, con sus secretos, y uno se queda perplejo hablándole al cielo, uno se queda en silencio probando el amor, el repentino, el que se queda para siempre.

Mario Benedetti, uruguayo, escribió los siguientes versos para aquel amor que pasa por una calle, un callejón, en el autobús, y se aleja para no volver:

Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.

Amor - cariño que pasa, que perdura, que levanta un imperio. Versos que se dedican a ella que pasa.  

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