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miércoles, 23 de marzo de 2016

Poesía de alegría: Jorge Luis Borges

En lo personal, para mí, descansar bajo la sombra, caminar por el parque, leer un buen poema, besar, son manifestaciones de alegría. Definir esta sensación, tratar de clarificarla es adentrarse a profundidades, a las vivencias.

¿Qué es una alegría? Beberse café, nadar en una ola, oler limones, correr por la avenida. En qué se define, quién dictamina, qué es. Una alegría no pregunta: simplemente se esparce, ensancha sus trajes y despliega cada alfiler por el cuerpo, cada filo, cada espina dulce que hace retorcer, que hace brincar.

La alegría no es respuesta, sino una pregunta, quién la provoca, en qué momento, bajó qué mes del año. Alimentarse del día, beberse la luz, sentir la brisa, el rocío de una flor, beberse un vino. Beber de sus burbujas, apreciar el momento, hablar con los dioses.

 Diferentes maneras, diversos contextos. Una mujer, desnuda, con sus líneas exactas, es una forma íntegra. Levantarse, abrir la ventana, sentir la brisa de la primavera, escuchar al canario, beberse un vaso de leche; hablar, oír, sentir, leer, gustar, ser, es otra.

Estar en la arena de una playa frente a las olas que compiten, frente al sol que se desborda, oler los mangos, beberse el coco. Ver a los niños correr. Desayunar un plátano.

La alegría es sin razón, está, se siente, es vida que se agrega a la vida, al momento.  La alegría es disfrutar, sentir, el momento, perderse, la libertad.

Jorge Luis Borges (Argentina, 1899), en su soneto dedicado al vino, se pregunta por la alegría:

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?


Se creó la alegría. Uno tiene que identificarla y luego: la libertad,la última meta.

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