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sábado, 26 de marzo de 2016

Poesía de amigos: Robert Lowell

Cuando uno crece aprende a identificar el desfalco, aprende del amor, aprende a cocinar, aprende el valor de una amistad. Traicionar es de cobardes, delatar de soplones, compartir de amigos.

Cuando uno es chico - recién aprendiz de la vida- comienza a relacionarse con los chicos de la cuadra, con los del cole, con los vecinos del primo. Crecen con el juego: Las escondidas; el bote pateado; la lotería. Comparten el pan, comparten el tiempo.

Cuando uno crece aprende que, más allá del dinero, del horizonte, lo importante en la vida, es el tiempo. Y con un amigo, además de la risa, de la anécdota, de la desgracia, se comparte tiempo, aquello que ya no regresa.

La magia de una amistad, se define en la fidelidad, en el no abandono. Es tan sencilla la traición, la mentira, la burla, que ahora encontrar un amigo resulta tan complicado, una tarea difícil. Hallarse a un cómplice, aquel que conozca tu secreto, tu pasado, tu presente, sin juzgo alguno, es de vanagloriarse, de contarse.

No es difícil crearse la idea que en algún apuro, antes que el tío/ la pareja/ el padre, se busca la confianza de un amigo, se busca su consejo genuino. Porque un amigo no traiciona, un amigo no te da la espalda, un amigo te apoya.

El poeta estadounidense Robert Lowell (1917) hace mención de lo que significa una amistad:
Los amigos son tan, pero tan
espeluznantemente bellos
que yo les gritaría ¡Bienvenidos! gozoso
lleno de lágrimas
así vinieran del Infierno.


Compartan esta entrada con su verdadero amigo. Agradezcan su tiempo, pero sobre todo, su apoyo incondicional.


Nota I : Fotografía extraída desde poorwilliam.net 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Poesía de alegría: Jorge Luis Borges

En lo personal, para mí, descansar bajo la sombra, caminar por el parque, leer un buen poema, besar, son manifestaciones de alegría. Definir esta sensación, tratar de clarificarla es adentrarse a profundidades, a las vivencias.

¿Qué es una alegría? Beberse café, nadar en una ola, oler limones, correr por la avenida. En qué se define, quién dictamina, qué es. Una alegría no pregunta: simplemente se esparce, ensancha sus trajes y despliega cada alfiler por el cuerpo, cada filo, cada espina dulce que hace retorcer, que hace brincar.

La alegría no es respuesta, sino una pregunta, quién la provoca, en qué momento, bajó qué mes del año. Alimentarse del día, beberse la luz, sentir la brisa, el rocío de una flor, beberse un vino. Beber de sus burbujas, apreciar el momento, hablar con los dioses.

 Diferentes maneras, diversos contextos. Una mujer, desnuda, con sus líneas exactas, es una forma íntegra. Levantarse, abrir la ventana, sentir la brisa de la primavera, escuchar al canario, beberse un vaso de leche; hablar, oír, sentir, leer, gustar, ser, es otra.

Estar en la arena de una playa frente a las olas que compiten, frente al sol que se desborda, oler los mangos, beberse el coco. Ver a los niños correr. Desayunar un plátano.

La alegría es sin razón, está, se siente, es vida que se agrega a la vida, al momento.  La alegría es disfrutar, sentir, el momento, perderse, la libertad.

Jorge Luis Borges (Argentina, 1899), en su soneto dedicado al vino, se pregunta por la alegría:

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?


Se creó la alegría. Uno tiene que identificarla y luego: la libertad,la última meta.

sábado, 19 de marzo de 2016

Poesía de un amor repentino: Mario Benedetti

Caminar, encontrar la injusticia, la oferta, la paloma, la dulce agonía, la primavera, un amor repentino. Tan común como andar por la calle y enamorarse. Un amor de súbito, repentino, de minutos, que deja rastro no en el ojo, en no sé qué praderas, pero se queda, se magnifica, perdura ¿Será amor?, ¿o el capricho de una emoción?, ¿se enamora en un segundo; en una mirada, en un destello?, ¿es posible hablar de cariño?

La poesía responde, su sensación parecida: un fuego recorre las venas, un fuego se esparce, un fuego hace explosión. Una llama que ataranta el camino, que retuerce la boca, que alimenta la alegría. Cómo abrigar la valentía y hablarle, cómo derrumbar el miedo, los diques que detienen, los obstáculos: es la llama, la repentina, la que levanta el miedo, la que evita acercarte, la causante del silencio.

El miedo te ataca, te derrumba, te llena de vocecillas, de clamores temerosos, el fracaso. Se aleja para no volver, para escaparse. Pero late, aceleradamente, el cuerpo. El tiempo se detiene, las palomas, la tarde desciende. Y se aleja con su nombre resguardado, con sus temores, con sus sabores, con sus secretos, y uno se queda perplejo hablándole al cielo, uno se queda en silencio probando el amor, el repentino, el que se queda para siempre.

Mario Benedetti, uruguayo, escribió los siguientes versos para aquel amor que pasa por una calle, un callejón, en el autobús, y se aleja para no volver:

Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.

Amor - cariño que pasa, que perdura, que levanta un imperio. Versos que se dedican a ella que pasa.  

miércoles, 16 de marzo de 2016

Poesía de muerte: Jaime Sabines

La hoja de un árbol, la cola de un animal, la vergüenza de una patria, puedes olvidar todo, pero no la muerte, la muerte de alguien especial ¿A dónde se va? Se lo come la tierra, el fuego, lo arrojan al mar, ¿y qué deja?, ¿qué nos lega? El dolor en la tierra, el luto inacabable, se va, olvida su nombre, su signo, pero uno aquí llora, está más muerto, más acabado, con el pecho mordido. A uno lo muerden lo guijan las serpientes, se lo acaban las arañas, uno llora  el día, uno se parece a la noche: silencioso y oscuro.  Uno aprieta sus manos, se quiebran, se acaba la fuerza, uno se cae.

Cómo seguir de pie, cómo despertar, cómo seguir adelante si persiste un recuerdo, una imagen, cómo mirar el cielo siquiera si uno se la pasa quebrado, hincado, entre las manos, con el cuerpo desecho, con el alma partida.  Partido, humillado por la vida, con las venas injustas, con los ojos gritones, con las noches  en el cuerpo recorriendo cada espacio, colmándose entre las vértebras.

Es el dolor, un duelo de cien cabros bravíos que se azotan contra el pecho, como una columna demorándose. Son los golpes de un mazo directo a la sien, a la columna vertebral. Es una ausencia, uno se incompleta, se divide, uno se quiere morir, uno se quiere ir con el muerto a morirse juntos. Uno se queda escribiendo, otro reza, otro llora, otro se muere lentamente.

Cuando Jaime Sabines (Chiapas, 1926) perdió a su padre, El Mayor Sabines, le dedicó (entre tanto poema) los siguientes versos:

Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, y a hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.


Se va una persona y empobrece, aún más, el mundo, se distorsiona, mueve columnas, mueve presagios.

Grandes versos que pueden dedicarse a toda persona que han sufrido, como Jaime, una pérdida:  un mazo directo a la sien

sábado, 12 de marzo de 2016

Versos de dolor: Rubén Darío

Uno va por la vida sencillo probando el café, leyendo un libro, escribiendo, saludando al vecino, chupando naranjas, hasta que te encuentras frente a frente, amando; hasta que sientes la sangre brincar, los ojos danzar. Cuando uno va por los campos y admira la tierra, el mezquite, la gobernadora, y  agregas el azul inmenso del cielo resurge dentro -muy dentro- una sensación natural, espontánea, una emoción de gloria, pues de esa manera, de esa forma, uno se siente vivo, uno le da sentido a la forma. Sin embargo hacia dónde va ese cariño sin reciprocidad, en dónde termina, en dónde se calcina. En dónde, por ejemplo, si amas, y no te aman, ¿qué hay de esa energía? ¿Se sepulta? ¿Navega en las nubes? ¿Zarpa al Índico? ¿Se pierde en los vientos? Se alza como papalote y en su intento un nubarrón lo pierde, lo rompe y lo destruye. Uno cuando ama le cambian los ojos, mira de otra manera, resiente lo verde, lo azul, la vida. Cuando uno ama solaza un duelo, cubre una grieta y, como un ruiseñor, vuela. Sin embargo cuando uno ama, por vez primera, sin ser amado renace el dolor, uno inmenso, uno grande, uno que deshace el cuerpo, uno que irrumpe en la noche, una bestia que devora. Un cariño volcado, un dolor que aprieta el cuerpo con sus garfios y lo azota contra el muro, contra el techo. Uno va con la mirada de loco, hablándole al grillo, golpeando el armario. Uno va con la mano en el pecho resintiendo, haciendo de la vida una guerra, una lid sin pie ni cabeza, cogiendo con fuerza aquello que le salta, aquello que le aqueja, y como una ola se alza con sus pieles heridas. Uno se acostumbra al duelo, a uno le duele y se siente un desgraciado, así como dice  Rubén Darío

Cuando llegues a amar, si no has amado,
sabrás que en este mundo              
es el dolor más grande y más profundo
ser a un tiempo feliz y desgraciado. 


Es el dolor más grande y profundo: uno ya ni prueba, ya no lee, ya no encuentra gusto en la naranja ni en el té, uno anda como perdido por la calle sin saber a dónde ver, sin saber qué hacer, uno se siente nada, uno se siente ceniza, uno se siente un desgraciado.

domingo, 6 de marzo de 2016

Versos de amor: Amado Nervo

¿Cuál es el símbolo del amor? ¿Con qué se glorifica? A veces con un abrazo,con una palabra, sin  embargo, el más significativo, con un beso. ¿Qué significa un beso? Es unir una parte del cuerpo con  otra , es una unión, es el resultado de una pasión que se levanta por la piel, por las venas, y como una  flor, explota en el corazón, se deshace en un deseo, en una voz. El deseo de un beso, ¿qué se dice en  el deseo de un beso?  Puede decirse nada, y todo. Puede dejar un pasado, y un futuro; se vale  del presente, y se vale de todas las estrellas caídas que palpitan en la piel. Hay en su ejercicio la caída de los ojos, se colapsan y se arrastran hacia un no sé dónde; se unen las manos y se levanta un imperio, y cuando se trata de uno sincero llega la eternidad, llega el "sin nada", llega un significado, llega  un deseo, el deseo del amor. 

Los siguientes versos son del poeta Amado Nervo (1870, Jalisco, México)




¡Ella presentía! 
Ella presentía que era corto el plazo,
 que la vela herida por el latigazo 
del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad 
quería dejarme su alma en cada abrazo,
 poner en sus besos una eternidad.




Un beso puede despedir, dar la bienvenida, dar un regalo, una primavera, y sin embargo, con justicia o sin ella, puede darte la eternidad, ese tiempo sin acabar. Son versos que se pueden dedicar a aquella persona que les ha marcado su vida a través de un beso, que les ha dejado la eternidad, y como el viento, esa persona ya marchó. 





sábado, 5 de marzo de 2016

Puerta a la poesía

Bienvenidos, a ustedes y a mí, a este nuevo blog dedicado a la poesía. Un lugar para los poemas, para los lectores y los escritores. Un espacio para escribir sentimientos, ideas y todo aquello que aqueja el alma. Para todo aquel que cree que todo objeto puede embellecerse, puede brillar, si se da el enfoque correcto, es decir, el poético. Un lugar destinado a explicar (o tratar de) la poesía que puede dedicarse a un amor, a un amigo, a un familiar, o cualquier cosa que le levante pasión. También está abierto para aquellos, nuevos creadores, que desean ser escuchados. y para los otros que quieren conocer más sobre la poesía. Deseo que este blog se convierta en un hogar de almas, en un lugar del desahogo, y que en su utilidad dé a la poesía su lugar merecido, es decir, el trato cotidiano; el espacio que requiere: dentro, muy dentro de uno.