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miércoles, 5 de abril de 2017

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sábado, 23 de abril de 2016

Poesía de soledad: César Vallejo




Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Hay un medio tan sencillo que mitiga un duelo: escribir. Tan fácil como la elocuencia o la locura, como acordarse de una fecha especial. Pero dar forma a un garabato es un oficio, un don del diablo, que pocos pueden celebrar, sentirse únicos. Entre ellos está  Vallejo, César el peruano.

Estar solo se limita a muros, a comida reseca, a suelos manchados; para otros  intromisión, conocimiento; para César un estado literato, un dolor. Cómo superar una muerte, una traición, una mujer aventurera sino con la poesía, sino con las palabras, sino con los silencios.

Los versos citados es de un poemario llamado Heraldos negros, que como su nombre lo indica, es la manifestación de lo oscuro, de la desgracia. Versa dolores como la pérdida de un hermano, de una madre, de sí mismo.  Golpes que significan guerras internas, lloriqueos, y apretones de pecho; martillazos como el odio de Dios. 

Son versos que pueden dedicarse a una persona que pasa un mal momento, y que resiente los ramalazos de rabia y dolor. 




sábado, 16 de abril de 2016

Poesía sobre el Arte: Charles Bukowski


Cuando el
espíritu
se desvanece
aparece
la 
forma.




Seis versos del escritor Charles Bukowski; un literato estadounidense que rozaba, siempre, según sus obras, la nostalgia y la melancolía. Siempre contra las multitudes, enemigo de la gente del bien, de aquellas personas que se dejan arrastrar por las normas sociales. Un hombre de sangre, de constante latido, un hombre con fuego, con lascas, un hombre que se incendia en su escritura. 

El párrafo citado, al principio,  habla sobre el arte. Describe su esencia: una forma, de la destrucción o construcción, del espíritu, el vaso que sostiene la forma. El arte es producto, traducción de una explosión, de una inmensidad.

El hombre, lleno de pasados -de un presente inacabable- se forma de emociones ¿Y qué línea las dibuja; qué materia? Según Charles, el arte: Una pintura de Gauguin, de Van Gogh, una música de Brahms, de Parker, un poema, una novela, una escultura, la arquitectura. Es la manifestación del alma, el arte.

Manera maravillosa de Bukowski, verdad manifiesta: el arte aparece en el desvanecimiento. Toma forma, materia el espíritu; por ello el arte, es y será, nuestra madre predilecta.  

sábado, 9 de abril de 2016

Poesía, nunca juntos: Ramón López Velarde



Extender un cariño, no es poca cosa, es entregarse desnudo, calato de pies a cabeza. Es sencillo entregar el cuerpo: vientre, manos, ingles, cuello, sin embargo, es costoso ceder el sentimiento, es riesgoso. 

Un dolor, de los que te quiebran los huesos, de los que te rasgan la piel, de los que te hacen perder la noción, no desaparece, persiste, construye un mundo, para él, autónomo, hace de tu cuerpo un metal maleable.

Sucede que una vez- me abro con la palabra-, en tiempos de abundancia, conocí a una buena mujer. Era agradable, era mediana, tenía los cabellos muy negros. A través del tiempo descubrimos, encontramos una emoción en el otro, se comenzó a elevar, aún más, el cielo. Nuestras manos jugaban, se juntaban, sus cabellos se agitaban, un sonido grave golpeaba en el suelo, un ir y venir, un tambor.

Eran otros ojos, era otro tiempo, cuando se quería al natural, sin remilgos, con todas las banderas, sin prejuicios. Hacía buen tiempo, era verano de noches frescas, de resolanas, de limonadas. Golpeteábamos juntos, nos arrastramos hacia el abismo, ahí donde estamos, donde persistimos, como dos guerreros, queriéndonos a oscuras, engañándonos.

Sucede que la tierra tiene sus leyes, y entre dos cuerpos, que juegan a la excelencia, no han de  unirse. Aún reuniendo las fuerzas competentes, hablándole al mago, comiendo magnesio, no han de juntarse, no han de estrechar sus cuerpos como ordena la noche, con su oscuridad, con las intrigas de las tinieblas. Han de estar separados, engañándose, queriéndose a lo lejos.

Es un dolor atemporal, sin fin. Es un dolor grave, de llamar la atención: estar al ritmo con una persona y que, sin embargo, han de  estar lejos, separados, por una fuerza inidentificable, una brujería, una mal pasada, una envidia que pulula en el polvo. Es una palabra, tal vez, es aun objeto, una ley que no los deja unirse. 

Los siguientes versos es del poeta zacatecano, que la historia no ha hecho merecimiento a su obra- una gran obra-, Ramón López Velarde (1888-1921): 

Yo no sé si estoy triste por el alma

de mis fieles difuntos
o porque nuestros mustios corazones
nunca estarán sobre la tierra juntos.

  

Una entrada, versos, que puedes dedicar a esa persona que, a pesar de las leyes naturales, de las gravitaciones, aún juegan entre ellos, a oscuras, en las tinieblas.

sábado, 2 de abril de 2016

Poesía de un mal amor: Gabriela Mistral



Qué sencilla la vida si uno pudiera elegir a sus amores, ¡Qué sencilla! 








Uno se imagina descansando en un buen colchón, bebiéndose los refrescos, comiendo cuanta fortuna existe, pero hay que enfrentarse a las desgracias, a la desazón.

Tan claro que es el sol para disfrutarlo, para no imaginarlo negro y lleno de cuervos; ¡ay! tan claro que es el mar para limpiarse el alma, pero uno tiene que darle voltios al corazón: Ya sea con la congoja, ya sea con la ansiedad. Ya sea azotando los ojos contra una hiedra que los espina, contra un muro que los deja molidos, en trozos, en pedazos de tierra desmedida. 

Querer, dejarse llevar por el cariño, es sencillo. No es complicado abrir el alma como atarraya y arrojar caricias, labios, tacto, ingles, arrojar aquella vena recalcitrante que palpita, aquel latido que va entre cauces del desierto.
 ¡Qué sencillo elegir qué querer! Adoro aquella palabra, me gusta aquel olor, disfruto de ese aroma, amo a esa persona. Sin embargo en la vida uno quiere de forma incorrecta, adora el error, el mal paso. 
 Gabriela Mistral ( Chile, 1889-1957), Nobel, igual que a los demás, erró en un cariño:

¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

El va amando a otra 
por la tierra en flor.


¡Qué sencillo amar a quien te ama; qué sencillo…!
Dediquen la imagen y la entrada a aquella persona que los hizo ilusionar, y no les correspondió.

sábado, 26 de marzo de 2016

Poesía de amigos: Robert Lowell

Cuando uno crece aprende a identificar el desfalco, aprende del amor, aprende a cocinar, aprende el valor de una amistad. Traicionar es de cobardes, delatar de soplones, compartir de amigos.

Cuando uno es chico - recién aprendiz de la vida- comienza a relacionarse con los chicos de la cuadra, con los del cole, con los vecinos del primo. Crecen con el juego: Las escondidas; el bote pateado; la lotería. Comparten el pan, comparten el tiempo.

Cuando uno crece aprende que, más allá del dinero, del horizonte, lo importante en la vida, es el tiempo. Y con un amigo, además de la risa, de la anécdota, de la desgracia, se comparte tiempo, aquello que ya no regresa.

La magia de una amistad, se define en la fidelidad, en el no abandono. Es tan sencilla la traición, la mentira, la burla, que ahora encontrar un amigo resulta tan complicado, una tarea difícil. Hallarse a un cómplice, aquel que conozca tu secreto, tu pasado, tu presente, sin juzgo alguno, es de vanagloriarse, de contarse.

No es difícil crearse la idea que en algún apuro, antes que el tío/ la pareja/ el padre, se busca la confianza de un amigo, se busca su consejo genuino. Porque un amigo no traiciona, un amigo no te da la espalda, un amigo te apoya.

El poeta estadounidense Robert Lowell (1917) hace mención de lo que significa una amistad:
Los amigos son tan, pero tan
espeluznantemente bellos
que yo les gritaría ¡Bienvenidos! gozoso
lleno de lágrimas
así vinieran del Infierno.


Compartan esta entrada con su verdadero amigo. Agradezcan su tiempo, pero sobre todo, su apoyo incondicional.


Nota I : Fotografía extraída desde poorwilliam.net 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Poesía de alegría: Jorge Luis Borges

En lo personal, para mí, descansar bajo la sombra, caminar por el parque, leer un buen poema, besar, son manifestaciones de alegría. Definir esta sensación, tratar de clarificarla es adentrarse a profundidades, a las vivencias.

¿Qué es una alegría? Beberse café, nadar en una ola, oler limones, correr por la avenida. En qué se define, quién dictamina, qué es. Una alegría no pregunta: simplemente se esparce, ensancha sus trajes y despliega cada alfiler por el cuerpo, cada filo, cada espina dulce que hace retorcer, que hace brincar.

La alegría no es respuesta, sino una pregunta, quién la provoca, en qué momento, bajó qué mes del año. Alimentarse del día, beberse la luz, sentir la brisa, el rocío de una flor, beberse un vino. Beber de sus burbujas, apreciar el momento, hablar con los dioses.

 Diferentes maneras, diversos contextos. Una mujer, desnuda, con sus líneas exactas, es una forma íntegra. Levantarse, abrir la ventana, sentir la brisa de la primavera, escuchar al canario, beberse un vaso de leche; hablar, oír, sentir, leer, gustar, ser, es otra.

Estar en la arena de una playa frente a las olas que compiten, frente al sol que se desborda, oler los mangos, beberse el coco. Ver a los niños correr. Desayunar un plátano.

La alegría es sin razón, está, se siente, es vida que se agrega a la vida, al momento.  La alegría es disfrutar, sentir, el momento, perderse, la libertad.

Jorge Luis Borges (Argentina, 1899), en su soneto dedicado al vino, se pregunta por la alegría:

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?


Se creó la alegría. Uno tiene que identificarla y luego: la libertad,la última meta.