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sábado, 2 de abril de 2016

Poesía de un mal amor: Gabriela Mistral



Qué sencilla la vida si uno pudiera elegir a sus amores, ¡Qué sencilla! 








Uno se imagina descansando en un buen colchón, bebiéndose los refrescos, comiendo cuanta fortuna existe, pero hay que enfrentarse a las desgracias, a la desazón.

Tan claro que es el sol para disfrutarlo, para no imaginarlo negro y lleno de cuervos; ¡ay! tan claro que es el mar para limpiarse el alma, pero uno tiene que darle voltios al corazón: Ya sea con la congoja, ya sea con la ansiedad. Ya sea azotando los ojos contra una hiedra que los espina, contra un muro que los deja molidos, en trozos, en pedazos de tierra desmedida. 

Querer, dejarse llevar por el cariño, es sencillo. No es complicado abrir el alma como atarraya y arrojar caricias, labios, tacto, ingles, arrojar aquella vena recalcitrante que palpita, aquel latido que va entre cauces del desierto.
 ¡Qué sencillo elegir qué querer! Adoro aquella palabra, me gusta aquel olor, disfruto de ese aroma, amo a esa persona. Sin embargo en la vida uno quiere de forma incorrecta, adora el error, el mal paso. 
 Gabriela Mistral ( Chile, 1889-1957), Nobel, igual que a los demás, erró en un cariño:

¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

El va amando a otra 
por la tierra en flor.


¡Qué sencillo amar a quien te ama; qué sencillo…!
Dediquen la imagen y la entrada a aquella persona que los hizo ilusionar, y no les correspondió.

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