Extender un cariño, no es poca cosa, es entregarse desnudo, calato de pies a cabeza. Es sencillo entregar el cuerpo: vientre, manos, ingles, cuello, sin embargo, es costoso ceder el sentimiento, es riesgoso.
Un dolor, de los que te quiebran los huesos, de los que te rasgan la piel, de los que te hacen perder la noción, no desaparece, persiste, construye un mundo, para él, autónomo, hace de tu cuerpo un metal maleable.
Sucede que una vez- me abro con la palabra-, en tiempos de abundancia, conocí a una buena mujer. Era agradable, era mediana, tenía los cabellos muy negros. A través del tiempo descubrimos, encontramos una emoción en el otro, se comenzó a elevar, aún más, el cielo. Nuestras manos jugaban, se juntaban, sus cabellos se agitaban, un sonido grave golpeaba en el suelo, un ir y venir, un tambor.
Eran otros ojos, era otro tiempo, cuando se quería al natural, sin remilgos, con todas las banderas, sin prejuicios. Hacía buen tiempo, era verano de noches frescas, de resolanas, de limonadas. Golpeteábamos juntos, nos arrastramos hacia el abismo, ahí donde estamos, donde persistimos, como dos guerreros, queriéndonos a oscuras, engañándonos.
Sucede que la tierra tiene sus leyes, y entre dos cuerpos, que juegan a la excelencia, no han de unirse. Aún reuniendo las fuerzas competentes, hablándole al mago, comiendo magnesio, no han de juntarse, no han de estrechar sus cuerpos como ordena la noche, con su oscuridad, con las intrigas de las tinieblas. Han de estar separados, engañándose, queriéndose a lo lejos.
Es un dolor atemporal, sin fin. Es un dolor grave, de llamar la atención: estar al ritmo con una persona y que, sin embargo, han de estar lejos, separados, por una fuerza inidentificable, una brujería, una mal pasada, una envidia que pulula en el polvo. Es una palabra, tal vez, es aun objeto, una ley que no los deja unirse.
Los siguientes versos es del poeta zacatecano, que la historia no ha hecho merecimiento a su obra- una gran obra-, Ramón López Velarde (1888-1921):
Yo no sé si estoy triste por el alma
de mis fieles difuntos
o porque nuestros mustios corazones
nunca estarán sobre la tierra juntos.
Una entrada, versos, que puedes dedicar a esa persona que, a pesar de las leyes naturales, de las gravitaciones, aún juegan entre ellos, a oscuras, en las tinieblas.

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